domingo, 11 de noviembre de 2007

Una madre no convencional

Si hay algo de lo que no tengo duda, es de mi vocación de mamá. Desde que era muy chica, siempre soñaba con el momento de tener un hijo. Ponía cojines debajo de mi ropa para verme embarazada, jugaba a las muñecas y mis hijos de plásticos siempre fueron los mejores vestidos y cuidados del grupo de amiguitas.
Esperaba con ansias mi oportunidad de ser mamá y cuando llegó fue lejos la emoción mas grande de mi vida, y durante estos seis años y medio, he sentido por fin mi vida completa. No es que antes no haya sido feliz, de hecho, antes era mucho más fácil, más irresponsable, más relajada, pero algo faltaba.
¿Como explicar lo que se siente por un hijo?. Yo pienso en el Seba, mi niño, y sonrío, me emociono, lo extraño. Cuando está feliz, para mí está todo bien, soy capaz de perderme la salida con mis amigas si él lo esta pasando bien; pero cuando sufre por algo, es como si mi corazón se apretara dolorosamente, no quiero que se caiga, ni que le peguen, ni que se enferme o que algún día le rompan el corazón. Pero son cosas que no puedo evitar y tengo que aprender a soportarlas; supongo que es parte del proceso de ser mamá.
No ha sido fácil, porque a veces el instinto no es suficiente, ¿quá se hace cuando te entregan en las manos a otro ser humano, que depende de ti, que espera todo de ti y que confía en que harás lo mejor?. Es difícil, es casi terrorífico, pero se puede, yo puedo, y día a día vamos avanzando juntos.
Somos un chiste de madre e hijo, incomprendidos por muchos, pero nos las arreglamos. A los seis años el Seba me ha demostrado toda la lealtad que un hombre adulto no seria capaz, hemos estado juntos en las buenas y en las malas, sin ni un peso, y con un poco más, pero siempre juntos.
La sensación de ser la mamá de alguien es increíble, saber que esa vida creció a través de tu cuerpo y ahora debes enseñarle a seguir solo, a convertirse en una buena persona, a buscarle el lado amable a la vida y darle fuerza para enfrentarse a lo difícil.
No soy una mamá muy tradicional, digo groserías, no me enojo fácilmente, tengo tatuajes y suelo levantar los castigos con un par de besos, mi hijo me va a ver jugar baby fútbol y nos peleamos el play station; y creo que eso ha hecho del Seba un personaje único, super especial, y no lo digo porque sea su madre, pues quienes lo conocen me encontraran la razón. Me he esmerado en enseñarle a ponerse en el lugar del otro y asumir que sus actos generan sentimientos en los demás, a tolerar la diversidad y pelear siempre por lo que es justo. Creo que lo he ido logrando.
Me gusta ser su mamá y nada me hace mas feliz. Podría renunciar a todo en mi vida, menos a él, porque si hay algo que tengo claro es que la maternidad me ha convertido en la persona más cobarde y más valiente del mundo, porque mientras sé que soy capaz de pelear con uñas y dientes por él, tengo miedo de todo y todos los que puedan hacerle daño.
Una vez leí que las madres son Dios a los ojos de sus hijos. Yo creo lo contrario. Porque cuando miro al Seba, tan perfecto (soy su madre), sé que es la forma que Dios tiene de decirme que lo estoy haciendo bien y que no soy tan mala persona, como para haber recibido una bendición tan grande.

1 comentario:

anaty dijo...

- Este es uno de los mejores articulos que he leido,Se nota que todo lo que escribio es del corazon,que para ella lo mas importante es su hijito cosa que no deja de ser, ya que en estos tiempos cuesta encontrar a una madre que a pesar de tener que realizar muchas "labores diarias",entre ellas el de tener que trabajar,logre cumplir con las expectativas de una madre completa en todo el sentido de la palabra,la que este pendiente de todas las necesidades de su pequeñin,claro que sin dejar de lado las propias.
Saludos para la escritora y que continue con su gran y hermosa labor.